CHICAGO: una nueva experiencia maratoniana en la ciudad del viento.

Desde el año 2015, en Nueva York, no había corrido un maratón. La decisión de participar en Chicago 2018, fue un tanto impulsiva, con el ofrecimiento de un cupo de parte de la agencia en último momento, con las inscripciones garantizadas ya cerradas.  Acepte sin pensarlo demasiado. Debido a esto el viaje fue en solitario, en compañía solo de mi incondicional barra personal, Ma. Paz, mi señora.

El Maratón de Chicago es parte de los sueños de todo maratonista; forma parte de las 6 maratones más importantes del mundo, las World Marathon Majors, con participación de atletas de los 50 estados de USA y de 100 países del mundo, todos en busca del objetivo personal de cruzar la meta en el Gran Park.

El recorrido es plano y rápido, casi sin desniveles, que comienza y termina en el Gran Park, que pasa por los lugares más emblemáticos de la ciudad, a través de un recorrido con miles de espectadores apoyando a los atletas mientras corren a través de los 29 vecindarios que atraviesa la carrera, un recorrido que se mueve al norte, bordeando el lago Michigan, luego al oeste y finalmente al sur.

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Normalmente me tomo al menos 4 meses de preparación específica para el maratón. Sin embargo, esta vez fueron solo 2,5, debido a los achaques invernales y al recrudecimiento de la tendinosis aquiliana que me acompaña ya por varios años. Eso puso una cuota de nerviosismo e incertidumbre en cómo me iría, especialmente en una ruta y condiciones desconocidas para mí.

Los pronósticos del tiempo anunciaban malas condiciones climáticas: lluvia, viento, e incluso alguna tormenta eléctrica, que mantenía en permanente monitoreo la materialización de la carrera. Lo bueno: en esta época no hay frío como acá, con temperaturas mínimas no menores a 14 grados. Buena noticia para mí, que me gusta correr con lluvia o frío, en lugar de un ahogante calor.  A modo de información, que me dio un amigo de la corrió, el año 2007 el Maratón de Chicago acabó en un caos de sudor y muerte. Uno de los atletas, un policía de 35 años que sufría problemas de corazón, murió. Más de 300 corredores tuvieron que ser tratados de urgencia debido a la temperatura, superior a los 30 grados, y a la humedad. Hubo desmayos, vómitos y decenas de ambulancias con sus sirenas sonando por toda la ciudad. Los organizadores decidieron suspender la carrera tres horas y media después de empezar.

El Maratón de Chicago 2007 reabrió el debate sobre si correr 42 kilómetros está al alcance de cualquiera o sólo de corredores entrenados y en las condiciones físicas adecuadas. De aproximadamente 36.000 participantes que iniciaron la prueba terminaron 25.000. Unas 10.000 personas que se habían inscrito decidieron no correr (sabia decisión), quizá conscientes de los peligros de la ola de calor.

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Llegamos a Chicago el día viernes a mediodía. De ahí, directo a la Expo y luego a descansar. Sábado para definir los lugares en que nos encontraríamos durante el recorrido y luego turismo light arriba de un Big Bus con paradillas en los lugares más emblemáticos de Chicago. Ciudad preciosa: moderna, acogedora, limpia, con el río que atraviesa el centro de la ciudad, con 38 puentes, 27 de ellos levadizos (que SÍ funcionan) y el lago Michigan con más de 40K de costanera. El Grand Park, frente a nuestro hotel, es un lugar de encuentro, con monumentos, teatro, museos, acuario y un gran etcétera.

Chicago, conocida como la ciudad del viento por su típico clima ventoso (aunque los “chicagoans” dicen que por la bulliciosa política de sus habitantes), normalmente disfruta de un clima continental húmedo, pero sufre repentinos cambios y ascensos de temperatura, así como lluvias inesperadas. Sus temperaturas son extremas, las que pueden llegar hasta 40 grados en verano y -20 en invierno.

La carrera parte a las 7:30, salgo en la primera ola y la hora sugerida para la llegada es a las 5:30.  Como estoy a solo dos cuadras me la tomo con relajo y llego a las 6:00. Llovió toda la noche y solo paró a las 5am. Poco a poco se van llenando los corrales con gente de todos lados, muchos orientales, españoles, italianos y latinos, con un buen equilibrio entre hombres y mujeres, todos muy abrigados y muchos protegidos para el agua, aunque ya no llueve. 7:30, Himno Nacional de USA, a capella, en respetuoso silencio y largada. Quince minutos, caminando entre miles de runners, tardo en pasar por el punto de largada y el grupo se abre de inmediato hacia las dos calzadas a un ritmo ya de carrera.

La nota curiosa (y vergonzosa) es la cantidad de personas orinando a un costado de la avenida, antes de la primera milla, bajo un largo paso bajo nivel, lo mismo que ocurre en el paso por Fantasilandia en el Maratón de Santiago. Curioso, porque los gringos lo prohíben estrictamente, y es motivo de expulsión inmediata. ¡En todas partes se cuecen habas!

Seguimos con dirección al centro de la ciudad y empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. En la milla dos mi primer encuentro con mi señora, apenas la veo me aparto del grupo, hago un poco de show, un beso y sigo hacia el norte. La lluvia es más persistente y aflora una ventisca ligera. Vamos bordeando el lago Michigan, a unas pocas cuadras hacia el interior de la ciudad. Normalmente corro según mis sensaciones, en forma natural y sin mucho apego a cosas muy planificadas, pero con precaución en la primera mitad de las carreras. Me siento muy bien corriendo a mi ritmo, el promedio es de 5:35 en los primeros 15K, un poco más rápido de lo que estimaba.  La lluvia es cada vez más intensa y el viento más fuerte, especialmente en las zonas de parques del extremo norte del recorrido. El apoyo de la gente es permanente, aún bajo la intensa lluvia. Recuerdo un par de casos especiales: el primero, asumo que era el hijo corriendo con un coche con su madre ya mayor y el segundo, un oriental, con un gorro arrocero, sin indumentaria muy técnica y a “pata pelá”; ambos se llevaban los aplausos de la gente durante un buen tramo que corrí junto a ellos.  Mis respetos para ambos.

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En la milla 14 y luego en la 17, muy cercanos uno de otro por el diseño del recorrido, estaban planeados los encuentros con mi barra personal. Tremenda alegría y emoción podernos ver, más aún sentir y ver que voy muy entero y sonriendo. El próximo encuentro sería en la milla 26, muy próxima al final, donde empieza el Grand Park y solo a unos pocos metros de la meta.

Todo sigue bien hasta el kilómetro 30, a un pace de 5,87 se asoma la posibilidad de hacer menos de 4 hrs. Sin embargo, a partir de la milla 20 (km 32) empiezan a flaquear un poco las piernas. Ya no llueve, subió un poco la temperatura y los meses que faltaron de entrenamiento, son razones que pienso, me pasan la cuenta. Intento no disminuir demasiado el ritmo, pero asoman calambres en las piernas, que afortunadamente el magnesio de la última semana logra detener. Las últimas dos millas se hacen eternas y solo la fuerza mental y el amor propio me mantienen corriendo, solo espero llegar a la milla 26 para saludar a mi barra y cruzar la meta.

El ritmo sigue bajando y es casi imposible mantenerlo a menos de 6:20. Llego al parque en la milla 26 muy cansado, Ma. Paz me esperaba, me detengo unos segundos, poso para la foto y retomo en busca de la última subida de cortos pero durísimos 100 mts. previos a la recta final de la meta. Ultima rogativa para que las piernas me acompañen, el corazón hace su parte para que la actitud para cruzar la meta, con el ya acostumbrado avioncito, sea con dignidad y con una sonrisa, disfrutando una vez más del milagro de transformar todos los esfuerzos, sacrificios y privaciones, en la inigualable satisfacción de cruzar la meta de las 26.2 millas.

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Otra misión cumplida, con mil gracias a la familia, especialmente a mi cábala y barra personal, mi señora, Ma. Paz, que incondicionalmente me acompaña en estas locuras; a los profes y amigos de mis clubes, Concepción Runners y Llacolen Runners, a Gustavo, quiropráctico que hace milagros contra la fatiga de material, a mis amigos no runners y a mis compañeros de trote que me hicieron llegar sus mejores vibras en esta nueva experiencia maratoniana.

Un abrazo a todos, Pedro Vergara.

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